Siempre me he cuestionado por qué no somos capaces de darnos cuenta de que pasamos un tercio de cada día, entre lunes a viernes, con la gente del trabajo, y más del 60% del tiempo consciente de esos días dedicando horas y esfuerzo a trabajar, pero siempre con un mayor o menor nivel de malas relaciones interpersonales. Y es que en ningún lugar en los que he trabajado, vi a todo el mundo llevarse con todo el mundo.

Si lo vemos así, pasamos más tiempo con la gente del trabajo que con nuestra familia, entrando y saliendo exactamente a la hora que corresponde, o haciendo horas extra…

Por eso creo que la gente del trabajo también es nuestra familia, claro, hay diferencias marcadas, pero también muchos puntos de encuentro.

Y toda familia, así como todo trabajo necesita líderes, que se hacen cargo de estar al frente, acompañando en el medio y cuidando de quienes van a la retaguardia. Lastimosamente no siempre tienes líderes, y te toca lidiar con jefes de manual, que ordenan desde el “yo lo sé todo”, desde el maltrato y la imposición, y también, por qué no decirlo, desde el lambisconeo. Pero de esa clase de gente ya hablaremos en otra entrada de este blog.

Quiero centrarme en la gente que de verdad ve a sus compañeros de trabajo como familia, que se ocupan del crecimiento profesional (no de las notas en un grado o maestría), sino de las habilidades que se necesitan para cumplir con los objetivos marcados por la marca que te contrata.

Creo que es el tiempo de trabajar con líderes, no con jefes. Porque un líder transforma, más allá de llegar a las metas y cumplirlas, entrega herramientas, conocimiento y método a sus colaboradores, para hacer que la tarea no sea tal, que la actividad no sea una carga, sino que el trabajo se convierta en una misión compartida.

Desde el trato, que la base de toda relación siempre debería ser de respeto, hasta la forma de comunicarse, con asertividad, respetando espacios y dando la intimidad necesaria a las distintas emociones que se pueden encontrar al interior de un equipo. Me parece que hay un elemento que debe trabajarse, ese sexto sentido de saber leer los gestos, por pequeños que sean en la gente que trabaja contigo a tu lado, porque sabiendo leerlos a tiempo y leerlos bien, se puede hacer algo a tiempo y con impacto.

¿Que cómo se consigue desarrollar el sexto sentido? Generando complicidad con cada miembro de tu equipo, con café y charlas “sin sentido”, banales incluso, que te ayudan a ver y conocer sistemas de creencias, paradigmas y conductas de las personas a las que se lidera. No todo es trabajo de escritorio ni de oficina, y los tiempos muertos no lo son cuando un café se convierte en una herramienta para profundizar en tu pariente no sanguíneo que te entregó el contrato de trabajo.

Un líder de los que valen la pena sabe que el estrés, por mínimo que sea, no es saludable, no entiende ni concibe al trabajo bajo presión como una cualidad, porque conoce que el cerebro se bloquea, y si está bloqueado, no da paso a la creatividad, a la innovación ni a la autonomía de su equipo. Así, siempre está atento a la manera en la que puede obtener y aportar a construir la mejor versión de cada colaborador.

Un líder sabe generar lealtad, conoce el nombre de los hijos de sus colaboradores, la salud de sus padres o si ya terminan ese nuevo curso o maestría, sin ser un entrometido ni disfrutar del chisme, más bien corre lejos de él, mejor aún, lo corta cuando le llega al oído.

Conoce la importancia de una fecha de entrega, pero le es más importante conocer sobre la salud de su equipo y si las fuerzas todavía dan o es necesario hacer algo disruptivo para rellenar nuevamente el tanque de gasolina de la motivación y el compromiso.

Al final de la jornada, lo más importante será disfrutar el día a día, divertirse en el Excel o en talleres, en las auditorías o en aulas, porque al final, mientras más lo disfrutes y hagas que quienes te acompañan disfruten a su vez, los números, los indicadores y las metas se van a cumplir y se van a alcanzar. Y la sensación de satisfacción será elevada, así que el compromiso y la lealtad siempre estarán presentes.

Sócrates decía que cuando estés pensando en el tipo de gente que quieres en tu vida, primero pregúntate si ya eres ese tipo de amigo que te gustaría tener. Si no lo eres, primero trabaja en ti y quizás de esa manera puedas empezar a atraer esas amistades que deseas.

Si sientes que quisieras ser un líder y ya no un jefe, te invito a que nos escribas, dejes tu comentario y, por qué no, empieces un ciclo de formación con nosotros.