Cuando llegaste hasta aquí, probablemente pensaste en encontrar temas en los que capacitarte, porque ser una o un profesional capacitado hay que pasar por cursos y por espacios de aprendizaje ¿verdad? Seguramente has estado en entornos laborales en donde te han dicho que debes seguirte capacitando, incluso puedes haber llegado a sentirte bajo mucha presión porque hay jefes que demandan eso de sus equipos.

Pero este en corto artículo hablamos, mas bien, de ser una o un profesional capaz, capaz de hacer las cosas, capaz de desenvolverse en escenarios de trabajo, a veces complejos otras no tanto, pero con determinados niveles de dificultad acorde las tareas propias del trabajo en los que estás o vayas a estar en un futuro.

Por eso la intención de este artículo no es solo el que aprendas más y te capacites desde la capacitación (hoy se vale ser redundante), en cursos, en seminarios o diplomados que, no negamos su alto valor, pero que solo sirven para engrosar una hoja de vida (y más veces el ego) si es que no los hacemos parte de nuestra vida diaria.

Así que hoy que nos lees, solo te vamos a compartir tres concejos útiles para ser más capaz en tu trabajo:

Escanea tus acciones y tu desempeño y encuentra tus fortalezas. Mira, el crecimiento personal así como el liderazgo (o las jefaturas) no deberían enfocarse en aquello que le falta a un equipo o a ti como profesional, no es cosa de ver lo que no se tiene, lo que se quisiera tener y lo que falta. Precisamente porque nos enfocaríamos en lo que no está y no tenemos, que solo va a causar frustración, porque tienes que buscar dónde conseguir lo que no hay.

En cambio, si partes de lo que ya tienes, pero no de forma complaciente ni naturalizada, sino de aquello que te hace ser diferente, tienes un excelente punto de partida. Si tu trabajas en tus fortalezas o en las de tu equipo, vas a ver que la actitud cambia y los resultados serán distintos, siempre a favor.

Una fortaleza arrastra a las debilidades y hace que su crecimiento sea constante, no explosivo, pero si exponencial, es decir de crecimiento continuo. Poner el ojo y la atención en las fortalezas le da un sentido diferente a ese crecimiento que se pide (muchas veces se exige) en el interior de espacios de trabajo.

De esta manera, fortaleciendo más aún tus zonas y habilidades en las que destacas, serás referente en tu espacio de trabajo, lo que te hará sentir que aprecian tu trabajo y tu capacidad, porque siempre recurrirán a ti, a tu conocimiento y dominio en el área.

Disfruta y disfrútate al potenciar tus zonas en las que destacas más.

Ten cuidado con la retroalimentación. En todo trabajo se dan espacios destinados a la famosa y, creemos firmemente, sobre valorada retroalimentación. Muchas de las veces hemos visto que las personas, tanto compañeros como jefes, no tienen la habilidad necesaria para dar retroalimentación.

En muchas empresas y organizaciones se han dado a la tarea de generar procesos cada cierto tiempo para entregar ésta mal llamada “crítica constructiva”, creyendo que alguien puede llegar a ser mejor si otra persona le dice qué está haciendo mal o bien, y además le dice cómo puede mejorar en su trabajo, lo cual no tiene efectos positivos, por el contrario.

Pasa que quien califica o evalúa, para luego dar feedback, no tiene la formación ni ha desarrollado la habilidad de la comunicación asertiva, que parte de la empatía. De manera que al decirte algo que creen que te hace falta o en lo que puedes mejorar, no emiten el mensaje de la manera más adecuada, lo que puede causar molestia y malestar.

Esto va de la mano del primer concejo, muchas y las más de las veces (lamentablemente), la retroalimentación viene envuelta en un lazo con forma de “esto es lo que te falta”. Y eso ya genera un bloqueo y desmotiva, desmotiva y mucho. Otras veces se hace al revés, quien retroalimenta empieza por aquello que sí tienes y en lo que eres genial, solo que pasa al siguiente punto con un explosivo y destructor “pero”.

Además, pasa que la retroalimentación parte de lo que se conoce científicamente como “efecto calificador idiosincrático”. En cristiano esto quiere decir que, cuando alguien evalúa tu accionar, en puntos determinados, como por ejemplo resolución de problemas, hay dos tercios de esos criterios de evaluación que se reflejan al interior y no a la persona que se califica.

En pocas, no parece ser que los seres humanos estemos capacitados para dar y recibir buen feedback. Por lo que te recomendamos cuidar tus emociones al momento de recibir retroalimentación, porque ya sabes que quien te evalúa, es más que probable, que te diga lo que le gustaría tener, no de ti sino de sí mismo.

Y finalmente, entrena. Todo aquello que aprendas debes pasarlo del conocimiento a la acción, a convertirlo en hábito por medio del entrenamiento. De nada te sirve conocer más y saber más si en el momento indicado no eres capaz de ejecutar nuevas habilidades y ponerlas en práctica.

La única manera en la que te van a ver y van a apreciar tus aportes, no es cuando dices las cosas, sino cuando las haces. Entonces, entrena, cada día y en cada oportunidad que tengas, entrena nuevas habilidades y capacidades hasta incorporarlas en tu sistema operativo, en tu forma de ser y de actuar.

Míralo así, nadie conoce a nadie que haya ido por un año al gimnasio y haya alcanzado resultados. Quien va y entrena todos los días y con disciplina siempre va a tener cambios y, en este caso, es exactamente igual. Así que, mientras entrenas, disfruta y pásala genial, porque sigues creciendo y significa que tu vida tiene sentido, porque le has dado uno.